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Que no le digan… | ¿Putín?, ¡Trump! | Por Mario A. Medina

 Opinión por: Mario A. Medina

Luego de varios meses sin escribir mis comentarios, por diversas responsabilidades, vuelvo hacerlo. En esta ocasión ofrezco mi punto de vista sobre un asunto que me llama la atención, pero sobre todo nos debe preocupar a todas y a todos los mexicanos.

A mediados del mes pasado, en Venezuela, aparecieron bardas con pintas con el propósito de relacionar a Andrés Manuel López Obrador con el gobierno despótico de Nicolás Maduro, y luego en redes, una mujer, presunta venezolana, nos advertía a los mexicanos que no votáramos por el líder morenista; pocos días después vino toda una campaña que aseguraba que detrás del Peje estaban los rusos.

La dirigencia nacional del PRI y el equipo del precandidato José Antonio Meade rechazaron que ese partido hubiera contratado al venezolano Juan José Rendón, asesor en campañas “negras”, quien, antes, había afirmado: “Haré lo que esté a mi alcance para que AMLO no llegue a la Presidencia”. Era evidente que el Coordinador de campaña de Meade, Aurelio Nuño, no iba a declarar: “Sí, nosotros lo contratamos”.

De los tres asuntos, el que me llama la atención es la que tiene que ver con los rusos. La historia de México da cuenta de cómo los gobiernos americanos han metido las manos en la elección de algunos presidentes de nuestro país  en el siglo pasado, y aún antes, pero también hay quienes están convencidos que Cuauhtémoc Cárdenas no se le reconoció el triunfo el 6 de julio de 1988, no sólo por la decisión de Carlos Salinas, sino por la determinación del gobierno del vecino país del norte y que lo mismo ocurrió con López Obrador. Ellos, los americanos, se asegura, fueron quien en las dos ocasiones anteriores no lo dejó llegar.

En aquel momento poco se dijo de que los estadunidenses estuvieran metidos en las elecciones mexicanas. Sólo algunos medios lo sugirieron, pero hasta ahí.

Hoy estamos no sólo ante una campaña, particularmente de algunos medios que le dan vuelo a la versión y de “analistas” que hablan del “peligro” que puede significar para nuestra “democracia” el que los tentáculos del Presidente Vladimir Putin estén metidos en la elección presidencial y, desde luego, detrás de López Obrador, sino frente a un pretexto, por un lado, para justificar la posible anulación de la elección en caso de que triunfe el candidato de Morena y,  nuevamente, generar miedo entre la población para que no voten por él.

El diario La Jornada dio cuenta que unas 24 horas antes de que el secretario de Estado norteamericano Rex Tillersoniniciara una gira por latinoamericana, que arrancó en México, “tres senadores (dos Demócratas y un Republicano) de alto perfil solicitaron al gobierno de Donald Trump otorgue protección al proceso electoral mexicano ante la amenaza de una intervención rusa”.

Ya en la capital del país, Tillerson advirtió a México que prestara atención a la “intromisión de Rusia en elecciones de otros países”, tras las acusaciones de que ya habría comenzado a interferir en la campaña para los comicios presidenciales locales de este año.

Esta advertencia es un mal augurio, porque parece más claro que quienes se están, de nueva cuenta, entrometiendo en la elección presidencial, no son los rusos, sino los americanos, y no como afirma el embajador ruso, Eduard Malayán, quien dijo que el propósito del gobierno de Donald Trump es manchar las buenas relaciones entre México y Rusia, no.

Insisto, veo una preocupante señal. Detrás de esta campaña están los intereses de la derecha más conservadora de los Estados Unidos y de la derecha mexicana que no quieren que llegue López Obrador a la Presidencia de la República, y no porque vaya a replicar aquí el modelo de Maduro o de Cuba, sino porque están convencidos que van a perder los beneficios que han tenido, particularmente, en los últimos 5 sexenios.

Pareciera que la campaña no ha tenido mucho eco, pero está ahí, latente, preocupante, que los tentáculos de los intereses estadunidenses sean quienes determinen, por diferentes formas, quiénes nos han de gobernar los próximos seis años, y no el voto libre y secreto de las y los mexicanos.

Que no le cuenten…

El aprendiz de Canciller, es decir, Luis Videgaray, aquel el de la casa de Maninalco, señalado de haber recibido cochupos y otras linduras,  quien fue exonerado a modo por  Virgilio Andrade,  nos quiere cuentear de que no es cierto que preparó a modo todo lo necesario para que los chinos ganaran la licitación del tren de Alta Velocidad México-Querétaro, 11 meses antes del lanzamiento de la puja.

Don Luis lo niega –por supuesto-, pero en verdad que no nos cuente, como sino los conociéramos.

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