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Que no le digan… | El PRI de Meade | Por Mario A. Medina

Opinión Por Mario A. Medina*

Era el 6 de marzo de 1994, era el 65 aniversario del Partido Revolucionario Institucional (PRI), era el candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio, quien habría de reconocer en un discurso célebre:

“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Veinte y cuatro años después, al encabezar el 89 aniversario de ese mismo partido, el candidato Presidencial José Antonio Meade afirmó: “en México hay un fundado reclamo, malestar e indignación sobre la inseguridad y la violencia, por la impunidad y la corrupción (…). Porque conocemos y reconocemos decisiones equivocadas estamos decididos a impedir que el país vuelva a tropezar”.

Luego entonces, México no ha cambiado. Ni con Carlos Salinas de Gortari, Ni con Ernesto Zedillo; tampoco con los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, y menos aún, con Enrique Peña Nieto.

Desde entonces, y aun antes, el México sin hambre y sin sed de justicia fue a favor de los grandes consorcios nacionales e internacionales. El liberalismo social, piedra angular del gobierno salinista, significó pura demagogia que se tradujo en el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) que repartía más que unos cuantos beneficios, ofrecía discursos, muchos discursos.

El PRI de entonces cambio, pero de ideología en lo se presumió, fue la “gran reforma del Siglo XX”, impulsada por un presidente que sus aduladores aseguraban era un “visionario”, un “revolucionario”, el “ejemplo ideológico más importante de la última década”.

Fue cuando nos quisieron vender la idea de que estábamos frente al PRI del cambio,  que nos llevaría a los mexicanos al primer mundo. Un hecho fue claro, aquel modelo de desarrollo económico nunca generó, y menos multiplicó, empleos y bienestar, mientras que su política social estaba fundada en la compra lealtades electorales a cabio de beneficios sociales asistencialistas y la cooptación de liderazgos.

Por aquel PRI habrían de pasar personajes como Humberto Roque Villanueva, que festejó el aumento del IVA del 10 al 15 por ciento con un ademán físico -la Roqueseñal-, que se consideró obscena, pero sobre todo una burla para la población. A ese partido, lo habrían de dirigir otras “finísimas personas” como Roberto Madrazo y Humberto Moreira, reconocidos como “destacados transas” del priísmo. También fue encabezado por Pedro Joaquín Coldwell propietario de una planta de combustible de Pemex en Cozumel y gasolineras, que se dice, no las obtuvo con el sudor de su frente, y otros muchos y muchas que acabaron con aquel PRI.

Hoy presiden a este instituto político, Enrique Ochoa Reza, tan anodino como  su jefe, Peña Nieto, tan incapaz que no hila un mensaje inteligente, sólo misiones brabuconas, un presidente que sus diputados federales que dirige, piden su renuncia, su cabeza; un personaje gris que está muy lejos de estar a la altura de muchos líderes nacionales priístas de reconocido “gran tamaño”.

En fin, este espacio es pequeño para definir y  transparentar al PRI, un partido que a 89 años de su fundación sigue prometiendo a la población, en voz de su candidato presidencial, que le quitará el hambre, le ofrece justicia y acabar con la corrupción.

Acepta, sin decirlo con todas sus palabras, que en el gobierno de Enrique Peña Nieto, las leyes no se cumplen; que sigue habiendo abuso de quienes gobiernan, y promete, como lo hizo hace seis años el candidato Peña Nieto, que esto no se habrá de repetir.

Este PRI de marzo de 2018, es el mismo que gobierna a un  México con hambre y con sed de justicia, es el mismo país donde sus dirigentes se han enriquecido a base de la transa, de la corrupción.

Este es el PRI de José Antonio Meade del que se niega a decir que en él milita -porque no es conveniente-,  que sí, no está afiliado, pero como funcionario, cuando fue Secretario de Estado con Calderón y Peña,  se prestó a componendas, a guardar silencio por las corruptelas de los jóvenes “ejemplos del nuevo PRI”, César y Javier Duarte, y otros muchos como sus ex jefes, el Presidente de la República y su amigo el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray.

Que no le cuenten…

Por más que los dirigentes del partido del Sol Azteca lo nieguen, el PRD de hoy  se parece mucho al PRI de siempre, cada día se aleja más de la izquierda, y muchos de quienes presumen fundamentar esa ideología, no conocen ni siquiera quién fue Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, Gilberto Rincón Gallardo, José Woldenberg, Valentín Campa. Lo niegan, pero igual reparten despensas, piden las credenciales de elector entre la gente, compran el voto.

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