miércoles , septiembre 20 2017
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Escaparate Político: Malaventurada

#Opinión Por: Felipe Sánchez Jiménez

Muchas aguas negras han pasado debajo de los puentes de Oaxaca, desde hace 36 años en que surgió esta bestia que conocemos como cartel 22. Devastadora, insaciable, oportunista, preparó a sus mejores artilleros con sus bazukas caseras con la intención de derribar el helicóptero presidencial. De paso sembrar mayor terror e impedir la primera visita de Enrique Peña Nieto a la capital. El tiro les salió por la culata. No solo la gira fue exitosa, la repitió al siguiente día en Juchitán, aunque apremiado por la tragedia del sismo de 8.4 grados.

Los sistemas de seguridad nacional que dan seguimiento al modus operandi de la bestia, reportaron que dado el “éxito” de los lanzacohetes domésticos y la temeridad de sus incendiarios milicianos, los viejos patriarcas del cartel 22 festejaron la pericia que están adquiriendo.

Platicando con algunos maestros que bastante saben del tema, me comentan que estos revolucionarios de pacotilla, en su euforia cometieron dos yerros que, entre los que se sienten guerrilleros, resultan letales.

1.- Su lanzacohetes dio a la nave en que viajaban los reporteros, no donde iban los políticos. Esto se les revertirá enormemente. No solo judicialmente dado que cayeron en delitos graves de delincuencia organizada, sino también en el campo mediático.

2.- Aun así, celebraron. Lo hicieron con tanta exaltación que resbalaron en una segunda torpeza. Expusieron los nombres de sus “héroes” que atinaron con el cohetón. Ahora la policía los tiene bien ubicados para ir por ellos en cuanto concluya la investigación.

Como consecuencia de estas torpezas, me dice un viejo luchador del magisterio, atizaron los rescoldos de esa gran repugnancia que la sociedad les manifiesta desde hace tiempo.

Ambos sucesos quedarán en los anales de la historia. La tragedia de Oaxaca se extiende en el tiempo y hace crecer sus costos, primero sociales, luego políticos.

TEMPLE
Dicen que no hay buen político sin suerte. Eso sucede con Alejandro Murat Hinojosa quien, como gobernador, ha de estar francamente apanicado al comparar entre la teoría política que abrevó en las mejores universidades, y la política cruda, despiadada, sin escrúpulos, que se hace en Oaxaca. Pero ha tenido buena fortuna para sortear tantos avatares.

El maestro Murat viene de una nueva generación de políticos, formados en el estudio profundo de la teoría política, ese quehacer que algunos románticos llaman arte. Lo que ha padecido en sus primeros nueve meses de poder, empezando por la quiebra financiera en que Gabino Cue y su caterva, dejaron el estado, sin duda que lo están forjando.

Su temple está a prueba. Aunque los teorizantes del maquiavelismo le han de repetir que “los políticos idealistas son pocos efectivos”, Alejandro en el ejercicio del poder pone por delante sus principios. Sus acciones ante vicios que parecían inmutables como los que mueven al cartel 22, los relevos que ha hecho y los que tiene anunciados en su gabinete, los muestran como un político idealista.

El politólogo Cipriano Flores dice que la política debe servir para la paz social. Donde hay expresiones de guerra, anarquía, es manifiesta la incapacidad de la política. También es la principal actividad del hombre para poder vivir en felicidad. En esto último anda en estos momentos.

No bien acababa de enfrentar los embates de la anarquía que incita el cartel 22 y su temple se pone, otra vez, a prueba. Juchitán y buena parte de las poblaciones del Istmo, son devastados por el temblor de 8.4 grados. De inmediato se trasladó a la zona devastada para tender la mano a sus gobernados. Político con suerte, parece que entre la adversidad sus estrellas se alinean. El presidente Peña vino a Oaxaca a pesar de la amenaza de un minúsculo grupo de anarquistas, al siguiente día volvió a territorio Oaxaqueño y ambos se hermanaron con su pueblo en desgracia.

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