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El sacrificio de ser Jesucristo en la Mixteca

Cada año los pueblos de la Mixteca conmemoran la Pasión y Muerte de Cristo


Igavec
Huajuapan de León, Oax. – Tras cuatro intensos meses de preparación física y mental, Alan Emmanuel, fue crucificado durante la representación de la Pasión y Muerte de Jesucristo en el municipio de Santiago Huajolotitlán, en la Mixteca Oaxaqueña.


“Inicié mi preparación hace cuatro meses con toda la fe y voluntad. Junto a mis compañeros acudí a ofrecerle esta acción a Dios. Todos los que participan lo hacen de manera voluntaria, hay personas con más de 18 años participando en la representación, personas como el profesor Alfonso que están detrás coordinando todos los eventos”, comentó Alan Emmanuel Rojas Cruz, quien este año representó a Jesucristo en Huajolotitlán.


Explicó que hay las señoras del pueblo que llevan muchos años participando en la Semana Santa, quienes son apoyadas para que no dejen actuar en el viacrucis. Este año participaron más de 90 personas que caminaron desde la iglesia hasta El Calvario. A sus 23 años, Emmanuel piensa que la religión es un elemento esencial para el ser humano, necesario para tener ganas para las batallas diarias.


“Me han felicitado, me dicen que hay que tener muchas agallas para hacer este papel, no solo es decir yo la haré de Cristo. Hay que tener mucho apoyo de tus padres, de tus hermanos y hasta de tu pareja; son personas que a mi me dan motivos para hacerlo. Es algo muy hermoso, porque, al representar a Cristo, te metes en el papel, lo sientes, lo gozas y lo disfrutas”.


Llegado el día del viacrucis, Alan Emmanuel tuvo que hacer cambios en su cuerpo. Como no le creció mucho su pelo, tuvo que recurrir a unas extensiones, también se dejó la barba y durante cuatro meses modificó su voz. “En toda la preparación eres otra persona en tu vida cotidiana, es algo que te nace hacerlo porque el mundo tiene toda la mirada en ti. He sufrido cambios radicales que al momento no se pueden comprender”.


Salir a correr, una dieta rigurosa y caminar descalzo en el suelo caliente de la Mixteca, fueron sacrificios que Alan tuvo que hacer para poder aguantar la escenificación del viacrucis y crucifixión. “Como en todo, siempre hay un sacrificio. A nuestro señor lo maltrataron, le escupieron y dijeron de cosas, pero el nunca agachó la cabeza, siempre estuvo firme recibiendo los golpes”.


Las voces de la pasión
La sangre y el sudor salpicando por los latigazos, empujones e insultos, es lo que se pudo apreciar durante el viacrucis, mientras que la gente acompañó el paso del nazareno, sin importar el insoportable calor y el suelo hirviendo de pasión en una fecha que cambió al mundo actual.


“Cada año acompañamos a nuestra madre al viacrucis, ella nos traía desde niñas para que viéramos como Jesús sufrió. Él sabía lo que los humanos de aquel tiempo tenían en mente, los perdonó y perdonó a todos nosotros que estamos aquí gracias a él. Ahora nos toca ser buenas personas con el prójimo, tenemos que entender que todos somos uno mismo y que el mundo está lleno de sacrificios que tenemos que afrontar para poder vivir en paz”, expresó Lorena, quien cada año acude a Santiago Huajolotitlán.


Mientras Jesús recibe los golpes, hay mujeres que sienten cada paso y cada lagrima que el Señor derramó, mujeres que mientras rezan, lloran al mismo tiempo como si estuvieran viviendo el momento original.
“Soy de San Sebastián Progreso, ahí también se realiza el viacrucis desde hace 39 años, pero como tengo hermanos en Huajolotitlán, esta ocasión quise venir a compartir este día con ellos, para que Dios nunca nos separe y nos siga dando salud, que es lo más importante para nosotros”, dice la señora María, mientras limpia el sudor y las lágrimas de su rostro.


La fe de la Mixteca
Además de Santiago Huajolotitlán, en la Mixteca Oaxaqueña el Viernes Santo es conmemorado por diferentes comunidades que representan la Pasión y Muerte de Jesucristo con todo el realismo que caracteriza a este evento. Saucitlán de Morelos, San Sebastián Progreso, Santa María Xochixtlapilco y San Francisco Yosocuta, son solo algunos de los pueblos que han convertido este acto religioso en una tradición propia que se ha convertido en un símbolo de esperanza de los pobladores.


Al finalizar el día, cada uno de los actores voluntarios dan gracias al Señor y sienten que la entrega de su pasión ha rendido frutos; se siente la liberación espiritual y la buena vibra en sus corazones.

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