viernes , diciembre 13 2019
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Crónica Política: «Un año de AMLO en el poder… ¿están contentos los mexicanos?»

Opinión por Rosy Ramales

El próximo domingo se cumple un año histórico en México, una fecha que marcó el inicio del periodo de la izquierda en el poder.

Un año de la asunción de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, y de Morena al máximo poder tan solo a cuatro años de haber obtenido el registro como partido político nacional.

Un año de la promesa de la Cuarta Transformación de México.

Y en el aniversario es necesario preguntar: ¿Han cumplido? ¿Los mexicanos se sienten satisfechos y contentos con el ejercicio de gobierno federal? Las preguntas, incluso, deben formulárselas el mismo AMLO y su gabinete sin lisonjas por parte de los servidores públicos.

Ocurre que los colaboradores de un gobernante se la pasan alabándolo y cumpliendo sus órdenes sin atreverse a observar errores, mucho menos a contradecirlo, por miedo de perder la chamba y la promoción a cargos mejores o de elección popular.

En el caso de la actual administración pública federal ya ven qué pasó con Carlos Manuel Urzúa Macías y con Germán Martínez Cázares; renunciaron a la Secretaría de Hacienda y a la dirección general del IMSS, respectivamente, por discrepancias en decisiones políticas en la correspondiente materia.

El presidente López Obrador –que está visto no le gusta perder, sino siempre ganar— no les dio la razón en lo más mínimo. Y, sin embargo, el tiempo y la realidad sí: Hubo crisis en medicamentos, y, en la otra materia, hay una “recesión técnica”.

Las dimisiones, las causas, las consecuencias y los hechos, quizá marcaron uno de los primeros errores del gobierno y el primer desconcierto ciudadano frente a quienes habían prometido un ejercicio distinto a los gobiernos del PRI y del PAN.

La honestidad, la humildad, la moral, la lucha contra la corrupción, la transformación, también implica escuchar a los miembros del gabinete, reconocer errores y enderezar rumbos. Debería ser la tónica del gobierno de la Cuarta Transformación.

Y, sin embargo, ha ocurrido lo contrario.

Como bien dice la doctrina, la democracia no se agota en las urnas electorales. Y los tiempos en nuestro país exigen de la participación ciudadana cotidiana, máxime en un gobierno de principios democráticos y que llegó como resultado de unas elecciones muy concurridas y, por lo tanto, dotó de legitimidad incuestionable al ganador.

No obstante, ya en el ejercicio de gobierno…más bien, inmediatamente después de ganar, empezaron las consultas fuera del marco constitucional y legal para decidir asuntos de trascendencia nacional como, por ejemplo, la construcción del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y el Tren Maya.

Luego vinieron en cascada una serie de acciones, en mancuerna con el Legislativo vía las bancadas de  Morena y aliados en las cámaras del Congreso de la Unión, que también trastocaron principios de la Carta Magna; quizá los más significativos sean: La inaplicación de la Reforma Educativa del priista Enrique Peña Nieto antes de la derogación, y la desaseada elección de Rosario Piedra Ibarra como titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

A propósito del Legislativo, resulta un contrasentido en la llamada Cuarta Transformación el sometimiento ciego de tales bancadas de Morena al titular del Poder Ejecutivo; hasta superan la praxis del PRI. Qué pena. Quizá sea producto del ADN priista del mismo AMLO y algunos de sus colaboradores (funcionarios y legisladores). 

Es una praxis que contribuyó al hartazgo de los mexicanos hacia el PRI. ¿Por qué la repite Morena?

Hay hechos que han desconcertado a la ciudadanía como el caso de la liberación de Ovidio Guzmán López, hijo de “El Chapo”, y el correspondiente fallido operativo. Hay quienes avalan la liberación porque consideran que efectivamente la acción salvó miles de vidas; hay quienes la cuestionan duramente porque estiman que el gobierno se sometió al crimen y éste ya le tomó la medida.

La gente siente miedo viendo los casos de violencia y muerte ocurridos en los últimos meses en diversos estados, sobre todo del norte; entre éstos, el ataque y asesinato de miembros de la familia LeBarón por presuntos miembros de cárteles de drogas; los cuales Estados Unidos pretende calificar como “terroristas” con las graves implicaciones para México.

En fin, el mutis, o el dejar hacer y dejar pasar ante la transgresión a los principios del Pacto Federal por parte del ya gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, y del Congreso Local, para prorrogar el mandato de dos a cinco años de este titular del Ejecutivo, provocan desconcierto en los mexicanos creyentes del Derecho.

Presupuestos de Egresos donde se ahoga la esperanza de la inversión y el impulso a la productividad, pero se privilegian los programas sociales que siempre tienen un propósito electoral a costa de los mexicanos que se parten el lomo trabajando, y a quienes además amenazan con calificarlos como miembros de la delincuencia organizada por asuntos fiscales.

Y para amolarla, el titular del Ejecutivo Federal da asilo político al ex presidente de Bolivia, Evo Morales, como si fuese el dueño de México y de los recursos de la Nación. Un ex mandatario extranjero repudiando en su país de origen, que si bien hizo buenas cosas, también abusó del poder sobre todo intentando reelegirse indefinidamente usando la bandera del indigenismo.

La presencia de Evo Morales en nuestro país no gusta a buena parte de los mexicanos. Solo revisen las encuestas al respecto.

En fin, a un año quizá AMLO siga tan popular como Adelita porque un año es poco tiempo para medir resultados. Sin embargo, en un año deben sentarse bases y consolidar la confianza en un gobierno.

Las elecciones concurrentes del 2021 arrojarán una lectura clara sobre el ejercicio de gobierno presidencial y sobre Morena como el partido en el poder.

En un año todo puede pasar, máxime cuando en política nada está escrito; como puede ocurrir que AMLO se consolide con más fuerza electoral, como puede pasar que determine la caída de Morena.

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