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CRÓNICA POLÍTICA: ¿Qué esperan para hacer efectivo el voto obligatorio?

Opinón por Rosy Ramales

Recientemente la senadora Nadia Navarro Acevedo, del Grupo Parlamentario del PAN, presentó una iniciativa para disminuir el abstencionismo en las elecciones, sancionando a quienes no emitan su voto sin que exista una causa justificada de por medio.

Es una propuesta inteligente, certera, que daría positividad y eficacia a disposiciones de la Constitución Política General, y que hasta el momento ha sido letra muerta.

Sí, porque como bien asienta la legisladora en la exposición de motivos de su iniciativa, en nuestro país votar es una obligación.  

Incluso, en columnas anteriores hemos explicado lo siguiente:

Que la Constitución Política General, en su artículo 35 establece como derecho del ciudadano votar en las elecciones consultas populares. Mientras en el 36, impone la obligación correlativa de votar en tales comicios y ejercicios de participación ciudadana.

Y en el artículo 38 prevé las hipótesis por las cuales los derechos o prerrogativas de los ciudadanos se suspenden, entre las cuales se encuentra:  La “falta de cumplimiento, sin causa justificada, de cualquiera de las obligaciones que impone el artículo 36…”

Por ejemplo, de la obligación de votar.

Esa suspensión de derechos o prerrogativas es una sanción.

Y sin embargo, en México nunca se ha visto que a un ciudadano con calidad de elector se le sancione por incumplir la obligación de votar; es decir, por abstenerse de acudir a las urnas electorales a emitir su voto por alguna opción.

¿Ven?

Y los políticos lo saben. Bueno, sin descartar que en las cámaras existan legisladores ignorantes de las disposiciones constitucionales. Claro, también ocurre que hay miedo a dotarlas de positividad y eficacia.

Hacer efectivamente obligatorio el voto en México sería benéfico para la democracia, como bien expone la senadora panista.

Es más, beneficiaría a todos los partidos políticos; evidentemente corriendo riesgos, de los cuales tampoco escapan con los altos índices de abstencionismo.

¿Cómo beneficiaría a los partidos? Pues de entrada si hay a mayor participación ciudadana en las urnas electorales, hay mayor legitimidad de los comicios y, en consecuencia, de los resultados y del triunfo electoral.

Y a más concurrencia a las urnas electorales, los partidos chiquitos tendrían más votación a su favor, lo cual sería una consecuencia positiva para facilitar la conservación del registro como partido político sin necesidad de andar jugando el humillante papel de satélite.

Claro, frente a la decepción hacia los partidos “grandes” siempre cabe la posibilidad de que el elector vote por alguna otra de las opciones políticas; incluso, escribiendo otra en el espacio en blanco que ex profeso traen las boletas electorales.

Además, miren, el voto obligatorio se hace necesario en la época actual en que ya existirá, tanto a nivel federal como en todas las entidades federativas, la revocación de mandato y las consultas populares.

El abstencionismo siempre legitimará el disenso.

En fin, tiene razón la legisladora cuando expone que en México el abstencionismo es una expresión comúnmente está ligada a una voluntad de rechazo del sistema político, de no identificación con ninguno de los líderes o los programas políticos en competencia.

Cierto; incluso, el abstencionismo favorece el triunfo de los peores candidatos. Bueno, esto es relativo, pues también el mismo efecto produce el voto masivo de enojo; es un riesgo, que igualmente ocurre sin sanción a los abstencionistas.

No obstante, siempre será mejor el resultado legítimo de una elección totalmente concurrida en las urnas electorales.

UNA TERCERA SECCIÓN

La senadora Nadia Navarro Acevedo, propone que en el Padrón Electoral se incluya una tercera sección, en la cual se asienten los datos de los ciudadanos infractores al deber de votar, para el efecto de sancionar a los abstencionistas.

Su propuesta de inhibir la abstención es excelente.

Incluso, nada más podrían extraerse los datos de la Lista Nominal de Electores, que es donde en realidad se asientan los datos de los votantes; incluso, en las copias (en formato cuadernillo) que se usan en las casillas, los funcionarios de las mesas directivas de casilla ponen una marca bajo el nombre del elector que votó.

Los datos se tienen. Solo hace falta aplicar las disposiciones constitucionales, haciendo, quizá unas breves reglas procedimentales en la ley secundaria.

Ojalá los senadores de esta Legislatura tengan la inteligencia para impulsar una iniciativa para hacer efectivo el voto obligatorio en México como lo existe en otros países. En Legislaturas anteriores ha habido propuestas, pero se han quedado en eso.

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