jueves , septiembre 21 2017
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CRÓNICA POLÍTICA: Mordaza sangrienta y el discurso oficial

#Opinión Por:Rosy RAMALES

En México ejercer el periodismo representa el riesgo constante de la amenaza, la persecución, el veto y, lo más grave, la muerte.

Así ha ido el riesgo, de menos a más. En nuestro país se ha pasado de la mordaza hecha ley, a la mordaza sangrienta. En cada asesinato de periodistas, los poderosos parecieran estar diciendo: “Te mato Juan, para que lo entiendas Pedro”.

Claro, los poderosos. Porque solamente matan periodistas aquellos a quienes les molesta la verdad, la crítica o la reconstrucción de hechos a partir de la investigación, porque con ello se afectan intereses a veces inconfesables.

Ya lo dijo don Benito Juárez: “Los déspotas aborrecen la luz y la verdad”.

El concepto “poderosos” incluye gobernantes, representantes populares, candidatos, políticos en general, sindicatos , “organizaciones sociales” y ahora el narcotráfico y cualquier modalidad del crimen organizado.

Los periodistas especializados en temas relacionados tienen la vida en vilo y en total indefensión, sobre todo cuando los órganos de gobierno están infiltrados por intereses de actividades ilícitas. Así se genera la impunidad en relación a quienes matan comunicadores.

Ja, paradójicamente cada vez más proliferan los medios de comunicación donde políticos son los dueños. Y los crean, no para hacer periodismo, sino para adquirir impunidad, para extorsionar a las autoridades para conseguir jugosos contratos de obra pública a cambio de “no golpearlos”, para lograr redituables convenios de publicidad o para ocultar intereses inconfesables.

En fin, en este país la existencia de cualquier actividad ilícita presupone la venía de las esferas de poder público. Caso contrario, habría un combate frontal, cosa que nada más se dice en el discurso oficial. ¿O cómo se explican los plantíos de marihuana, el tráfico de otros estupefacientes, la trata de personas, el huachicoleo, etc?.

A propósito de discursos, este miércoles el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, encabezó la reunión de la Confederación Nacional de Gobernadores (Conago), en la cual anunció acciones por la libertad de expresión y para la protección de periodistas y defensores de derechos humanos.

Lástima que el anuncio se haya dado en el contexto de la presión nacional e internacional por el asesinato de periodistas en México; uno de “los peores países en protección a periodistas” y donde el asesinato de ellos son con “total impunidad”, como lo calificó el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Matthew Sanders.

Tuvo que morir Jesús Javier Valdez Cárdenas, fundador del semanario Ríodoce, corresponsal del diario La Jornada, y el sexto periodista asesinado en lo que va del 2017, para que el presidente Peña Nieto, avalado por la Conago, saliera a pronunciarse en contra de los cazadores de periodistas y a anunciar acciones tendentes a garantizar la libertad de expresión y la protección de los comunicadores.

De ese tamaño es la impunidad de que gozan los asesinos de periodistas. No bastó la sangre de uno, sino de seis para acaparar la atención y el discurso de los políticos de todas las filiaciones. Y después todo se queda en “lo sentimos” y “lamentamos”, así como en la inoperancia de las instancias creadas para garantizar el ejercicio periodístico.

Los seis asesinados a sangre fría en lo que va del año: Cecilio Pineda Brito (2 de marzo), periodista independiente en Guerrero y corresponsal de La Jornada; el columnista Ricardo Monlui en Veracruz el 19 de marzo; Miroslava Breach, reportera del periódico La Jornada en la capital de Chihuahua, el 23 del mismo mes; Maximino Rodríguez el 14 de abril en La Paz, Baja California Sur; Filiberto Álvarez el 2 de mayo en Morelos, y Javier Valdez apenas el lunes pasado en Culiacán, Sinaloa.

¡Seis! Y todavía el presidente Peña Nieto dijo: “Lucharé hasta el último día de mi mandato para fortalecer condiciones del ejercicio pleno del periodismo profesional que México necesita”.

Ups. ¿Qué tal si no estuviera luchando? Claro, tampoco cabe responsabilizar totalmente al presidente Peña Nieto de los asesinatos de los periodistas, pues éstos han ocurrido en distintas entidades federativas, principalmente en aquellas donde reinan las actividades ilícitas. Por lo tanto, los gobernadores tienen mucha responsabilidad, así como los presidentes municipales.

Sin embargo, nacional e internacionalmente el Presidente de México es el responsable de todo lo que ocurre en nuestro país. Y el asesinato prácticamente al hilo de seis periodistas, revela la grave realidad mexicana: Proliferación de actividades ilícitas, impunidad derivada de la misma, complicidades, etc.

Los poderosos en México desprecian el pensamiento de don Benito Juárez, quien decía:

“Yo no reconozco otra fuente de poder que la opinión pública”.
“Reconozco en cada ciudadano el derecho de tener ideas propias y emitirlas con entera independencia, sin consideraciones de ningún género, porque sólo así serán practicables entre nosotros las sanas doctrinas democráticas que a costa de tanta sangre hemos logrado conquistar”.

Lo único que sí pasa es que el costo sigue siendo la sangre de periodistas.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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