jueves , noviembre 14 2019
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Crónica Política: «El fantasma de un golpe de estado»

Opinión por Rosy Ramales

No es de descartarse la existencia de intereses en ver derrotado al presidente Andrés Manuel López Obrador, el primer mandatario emanado de la izquierda mexicana y en pretender la transformación inmediata del país empezando por erradicar la corrupción.

Pero tampoco se debe echarse a saco roto ni lo dicho por el general Carlos Gaytán Ochoa, ni un sentimiento de arrepentimiento por el voto masivo en las urnas electorales en 2018 a favor de casi todas las candidaturas de la entonces coalición “Juntos Haremos Historia”.

La gente de los distintos estratos sociales empieza a desesperarse por la falta de fluidez económica, porque la reconciliación aún no se ve por ninguna parte, por drásticas medidas fiscales, por el trato hacia los civiles en relación con miembros del crimen organizado, por la inseguridad creciente y por la ausencia de Estado de Derecho.

Y en vez de la mano de aquellos a quienes el pueblo les confirió la autoridad, se ve el consentimiento de acciones que no solamente ofenden a los mexicanos, sino mancillan los principios de la propia Constitución General.

Por ejemplo, la insolente postura de Jaime Bonilla Valdez en asumir la gubernatura por un periodo de cinco años, cuando fue electo solamente para dos años; un capricho solapado por el Congreso Local y por Morena, el mismo partido creado por AMLO.

Y todavía la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien asistió en representación del Presidente de la República, calificó de “legal” la llamada “Ley Bonilla”.

¿Cuál fue el mensaje que se mandó a la Nación? Un sinnúmero, desde que Morena y su líder moral alentaron la desobediencia de Jaime Bonilla a los principios constitucionales, hasta que en nuestro país de plano se ha roto el Estado de Derecho.

Y el mismo López Obrador es responsable, pues desde cuando ganó en 2018 hasta los primeros días de su mandato  –y casi todo el tiempo— ha dado la vuelta a la Carta Magna, primero con consultas “patito” como aquella para dotar de “legitimidad” la construcción del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en el lugar indicado por él.

Luego mandó otro mensaje similar cuando mediante decreto dejó sin efecto la aplicación de la Reforma Educativa impulsada por su antecesor, faltándole así el respeto al Congreso de la Unión ya que una ley solo puede dejar de serlo pasando por un proceso legislativo.

Y las cámaras de Diputados y de Senadores, vía sus mayoría (naturales y compuestas) han complacido en todo al jefe del Ejecutivo como en los mejores momentos del PRI omnímodo; un poder sometido al otro.

Los recursos económicos no alcanzan porque se inyectan cantidades industriales en los programas sociales, impulsando así en este país un paternalismo que no produce. Es más, ni la gente se vuelve menos pobre. Pero eso sí, esos programas han servido para realizar proselitismo en la fracasada elección interna de Morena.

Del combate al huachicol después casi nada se dupo.

Ovidio Guzmán López se hizo famoso tras el operativo mal planeado mediante el cual lo apresaron y dejaron en libertad porque los correligionarios del hijo de “El Chapo” tomaron de rehén a la población de Culiacán Sinaloa. Días después, imitó la estrategia otra banda del crimen organizado.

El Ejército Mexicano se ha visto humillado en su honor.

Y el Poder Judicial prácticamente ha tenido que sucumbir a los designios de otro Poder, porque no tiene cara con qué defenderse dada su cínica corrupción interna.

Vaya, hasta la Conago se ha convertido en un brazo del Ejecutivo federal.

No hay contrapesos.

Y sin exagerar, casi todos los días, el presidente López Obrador no pierde oportunidad para ofender a los periodistas mediante todo tipo de adjetivos y calificativos; aquél que osa hacer preguntas críticas en sus mañaneras o escribir o publicar textos sin lisonjas, ya es “conservador”, “enemigo”, “fifí” y hasta perro sin bozal

En fin, tiene mucha razón el General Carlos Gaytán cuando dijo:

“Hoy tenemos un gobierno que representa aproximadamente a 30 millones de mexicanos cuya esperanza es el cambio. Un cambio que les permita subsanar lo que ellos consideran un déficit del Estado para dicho sector poblacional.

“…No podemos soslayar que el hoy el titular del ha sido empoderado legal y legítimamente.

Sin embargo, es también una verdad inocultable que los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad.”

“Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa, toda vez que cada uno de los aquí presentes fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al País.

Pero estoy convencido que es mi deber irrenunciable mantener invariables los principios de honor, valor y lealtad para con el pueblo de México, ¡sí!, para con el pueblo de México…

Bueno, un largo discurso sin desperdicio alguno por su alto contenido certero.

No obstante, funcionarios y amigos de AMLO han respondido de un modo visceral en vez de analizar las profundas reflexiones expresadas por el General Gaytán; el servilismo resulta mucho más dañino que la postura crítica de un militar, la cual, además, coincide con cierto sentir ciudadano.

Incluso, frente a la opinión pública en relación a que las condiciones en el país se están tornando propicias para un Golpe de Estado, el mismo López Obrador nuevamente ha asumido una actitud ajena a su investidura; no es un troll, sino es el Presidente de la República.

Y este fin de semana López Obrador escribió en Twittter:

“¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones!
Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una base social que lo protegiera y respaldara…

“Ahora es distinto. Aunque son otras realidades y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado…

“Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren. Por cierto, les recomiendo leer la fábula de Esopo «Las ranas pidiendo rey»”.

Ciertamente, las condiciones no son iguales, y la mayoría de quienes votaron en 2018 lo hicieron por una real transformación del país, porque esa mayoría es amante de la legalidad y de la paz, pero por lo mismo se sublevó en las urnas electorales.

Y quien sabe si las expresiones de respaldo en redes sociales, se traduzcan en respaldo efectivo a la hora de un golpe de Estado, el cual no solo lo dan los militares, sino también civiles organizados. Claro, sería el caos entre el choque de bandos.

El presidente mismo y los otros dos Poderes tienen en sus manos acicatear un Golpe de Estado, o frenarlo. En la modernidad, el golpe puede producirse, incluso, en el 2021 de modo electoral.

De entrada, si AMLO prometió reconciliación y paz, debe pregonar con el ejemplo empezando por bajarle de tono a sus palabras.

Por lo pronto, los mensajes de López Obrador en Twitter reflejan temor en torno al fantasma del Golpe de Estado

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