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CRÓNICA POLÍTICA: Con AMLO, ¿va o no va el “milagro oaxaqueño” de Alejandro Murat?

Opinión por Rosy RAMALES
En su campaña a Gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa prometió hacer el “milagro oaxaqueño” de ganar la elección del 2016, basado en la acción conjunta entre dos gobiernos emanados del PRI: El local y el federal encabezado por Enrique Peña Nieto.
Ya no habría el obstáculo representado en la existencia de un gobierno estatal de filiación política distinta al federal, como había ocurrido en sexenios anteriores. Verán:
Cuando en el 2000 el PAN asume la Presidencia de México en la persona de Vicente Fox Quezada, en Oaxaca gobernaba el PRI de manera hegemónica a través de José Murat Casab, quien entonces llevaba dos años en la gubernatura, y el resto de su sexenio lo coordinó de algún modo con el Gobierno Federal panista.
En las elecciones locales del 2004, el PRI conserva la gubernatura oaxaqueña con Ulises Ruiz Ortiz, a quien le tocan dos años del gobierno de Fox y cuatro de la administración federal de Felipe Calderón Hinojosa, también panista.
En ambos gobiernos locales se escuchó la queja sobre el abandono del Gobierno Federal. José Murat hasta encabezó una marcha a la Ciudad de México.
Ulises Ruiz no contó con el respaldo del presidente Fox para desalojar a los maestros de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) del Zócalo de la Ciudad de Oaxaca, ni después con el apoyo del presidente Calderón para resolver el conflicto magisterial.
Oaxaca no contó con recursos suficientes ni con proyectos de envergadura por parte de los mandatarios nacionales panistas, porque los gobernadores eran del PRI.
Cuando en el 2010 Gabino Cué Monteagudo gana la gubernatura postulado por la coalición PRD-PAN-PT-Convergencia, los oaxaqueños también esperaron un milagro, considerando que el presidente Calderón ahora sí apoyaría decididamente a Oaxaca.
Sin embargo, poco duró el gusto, pues a los dos años nuevamente hubo elecciones presidenciales, y el PRI regresó a Los Pinos. A Cué le tocaron los dos últimos años de la administración calderonista, los del declive, cuando las obras sexenales prácticamente se agotaron y cuando empieza el apogeo de la lucha por la sucesión presidencial.
Justo en esa misma situación se ubicó el gobierno de Alejandro Murat: Llegó con un Presidente de la República de su misma filiación política, pero cuando ya le restaban dos años y las obras sexenales prácticamente se habían agotado. Además, estaba en pleno apogeo la guerra por la candidatura del PRI para las elecciones presidenciales del 2018.
Dos años muy difíciles para el Gobierno de Oaxaca, que de entrada cargó a cuestas el colapso económico heredado por la administración de Gabino Cué (según declaró tan pronto asumió el cargo), y con una deuda pública de alrededor de 14 mil millones de pesos.
No obstante, Alejandro Murat llegó a la gubernatura con la esperanza puesta en el trabajo conjunto con el Gobierno Federal de su misma filiación política. Sin embargo, Peña Nieto muy poco ayudó a Oaxaca, entidad que a duras penas visitó una vez por año dado el rechazo de la Sección 22 de la CNTE. Tantito pisaba suelo oaxaqueño y se armaba la bronca.
A decir verdad, Alejandro Murat no encontró el eco en el gobierno peñista para dar cumplimiento por lo menos a una sola de las promesas de campaña insertas en el “milagro oaxaqueño”: La terminación de las súper-carreteras al Istmo y a la Costa; obras inconclusas desde el año 2002, aproximadamente.
Cada año y cada sexenio (estatal y federal) han avanzado si mucho un kilómetro y con pésima calidad del material porque presenta hoyancos y remiendos peores que las carreteras más viejas de la entidad.
En fin, Alejandro Murat prometió la terminación de carreteras, la construcción de hospitales, medicinas, médicos, impulso al desarrollo económico y social, etc.
Sin embargo, el “milagro oaxaqueño” encontró el mayor de los obstáculos precisamente en la administración peñista, cuya mayor inversión en la entidad sureña es la llamada Zona Económica Especial de Salina Cruz. Por cierto, ¿cuál será la suerte de estas zonas en el próximo Gobierno Federal encabezado por el morenista Andrés Manuel López Obrador?
En casi dos años del gobierno de Alejandro Murat –los cumple en diciembre próximo— sus mejores acciones se simbolizan en las empresas eólicas proyectadas en el Istmo de Tehuantepec, en cuya gestión ha sido fundamental el acompañamiento de la Secretaría del Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable, que preside José Luis Calvo Ziga.
Por lo demás, los presupuestos históricos de más de 90 millones de pesos anuales para Oaxaca, prácticamente se pulverizaron en 2017 y quizá ocurre lo mismo en 2018.
Y en el 2018 la aplastante derrota del PRI alcanzó al gobierno de Alejandro Murat.
El contundente mandato ciudadano en las urnas electorales arrojó la victoria de la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES) en la Presidencia de la República, en la mayoría del Congreso de la Unión, en más de la mitad de los Congresos Locales, en gubernaturas, en presidencias municipales.
¿Y ahora? ¿Sin Gobierno Federal del PRI habrá “milagro oaxaqueño”? Pues como dice la vox populi: “No hay mal que por bien no venga”.
Quizá con Andrés Manuel López Obrador como Presidente de la República, Alejandro Murat tenga más apoyo para cristalizar sus promesas de campaña y hacer posible el “milagro oaxaqueño”, considerando que AMLO tiene una triple deuda con Oaxaca.
Triple, por lo siguiente: Es una entidad con población mayoritariamente pobre y en pobreza extrema, porque es bastión morenista y porque le dio más de un millón de votos a López Obrador.
Y ya lo dijo el próximo Presidente de México: “Primero los pobres”.
Así que AMLO está comprometido con Oaxaca y para cumplir tendrá que trabajar coordinadamente con el gobernador Alejandro Murat; y viceversa, porque el mandatario estatal se quedó sin nada políticamente, pues en las elecciones concurrentes del pasado 01 de julio el PRI perdió todo en la entidad.
Además, López Obrador ahora se enfrentará a las exigencias de la Sección 22 de la CNTE, que a lo largo de más de 20 años ha sido uno de los obstáculos para el desarrollo de Oaxaca, donde el 90% del presupuesto se destina al rubro educativo, ¡y sin resultados!.

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